“Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.” Parece bella y fácil de aplicar la frase de Coelho que acabo de escribir. El papel lo aguanta todo; hasta que topas con la realidad abierta en canal para comprobar que ésta lo supera todo, que todo lo prueba, que todo se puede con mirada atenta y deseo incondicional.
Hace poco más de veinte años, allá en la Argentina, un niño de un humilde barrio de una ciudad, lejos de todo, gustaba de jugar al fútbol sin descanso. Es normal que un chaval haga eso, pero no es tan normal que una enfermedad le impidiese el crecimiento hasta el punto de pensar en no poder jugar más porque los amigos eran mucho más grandes y fuertes. El sueño comienza con una idea de los padres del joven Leo.
- Si llevamos al niño a unas pruebas en un club de fútbol, quizá ellos puedan afrontar el tratamiento que nosotros no podemos costear. – Probemos pues. – Un equipo y dos y tres y muchos y nada querían saber del joven zagal, era uno de tantos, ¡cómo invertir en él si no se sabía a lo que llegaría! – Pues tenemos que conseguirlo, así que vamos a intentarlo en verano con esos equipos que vienen de Europa a jugar para preparar la siguiente temporada, – tal era el tesón de los padres por ayudar a su hijo.
Y llegó el equipo, e hicieron lo posible porque lo viesen, y un hombre, un buen hombre español dijo que a ese chico había que ayudarle, y no sólo pagó el tratamiento, sino también su traslado a España y su escuela, la académica, la futbolística y la de la vida, la más importante. La generosidad de ese hombre hizo posible el sueño, el sueño de ese pequeño gran hombre llamado Leo Messi, el mejor jugador de fútbol del mundo.
Hace unas cuantas horas que Leo metió otro gol con su equipo, el Barcelona. Esta vez, al celebrarlo, levantó su camiseta para dejar a la vista una segunda en la que se podía leer: “Feliz Cumple, Mami”. Sí señora, felicidades por su cumpleaños, pero sobretodo felicidades por su arrojo, por su valor, por su lucha, ejemplo hoy para todos nosotros. Nosotros también tenemos sueños y su paso adelantado nos enseña la senda. Gracias.


