La mañana fría de enero, la primera del año, se hacía eterna en sus primeras horas para la madre de Rebeca. La niña recién hecha mujer que apareció por fin, vestida de negro, tambaleándose de lado a lado de la cuesta que bajaba del parque al portal de la casa de los padres y el hermano pequeño de Rebeca…
Andaba paseando por un barrio cualquiera de mi ciudad, uno de esos paseos sin sentido que uno recuerda que comenzó un rato antes sin recordar siquiera la razón por la que eligió el rumbo elegido, cuando me topé con un vecino y sin embargo amigo, un joven científico, un coquito impresionante que volvía cabizbazo, meditabundo …
“Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.” Parece bella y fácil de aplicar la frase de Coelho que acabo de escribir. El papel lo aguanta todo; hasta que topas con la realidad abierta en canal para comprobar que ésta lo supera todo, que todo lo prueba, que todo se puede con mirada atenta y deseo incondicional.
Cuando nace un niño, a cada instante que se produce ese mílagro que parte de la nada, es entonces cuando revive la esperanza de un mundo mejor. Por eso estoy convencido de que el mayor miedo que nos asalta a muchos padres es si sabremos educarlos bien para hacerlos lo suficientemente libres como para construirlo.
